Pequeños y apartados pueblos guardan grandes historias. Algunas de ellas, oscuras y siniestras como la que voy a contarte, quedan con el pasar de los años totalmente en el olvido de la memoria del hombre.
Mi mañana del 20 de Julio comenzó tranquila y serena. Salí
muy temprano dispuesto a realizar mis actividades diarias en el embarcadero,
pero algo interrumpió abruptamente mi tranquilidad.
Un sonido chirriante y agudo que, desde la lejanía, parecía
ser un grito o un lamento que nadie más parecía percatar.
Me estremecí solo de pensar que alguien o algo pueda
producir semejantes notas pero decidí ir a investigar la fuente de tan
desagradable ruido, que al parecer, provenía de la playa.
Después de inspeccionar el lugar, fui guiado hasta la fuente
del estridente sonido.
Mis pies vacilantes llegaron hasta una gran roca y mis ojos
no daban crédito a lo que tenía enfrente.
Un pez, un anfibio o una pavorosa mezcla de ambos, formaban
una horrible criatura completamente desconocida para mí.
La imperfecta criatura salida del mar continuaba emitiendo
los ruidos que alteraban mis nervios y herían mis tímpanos.
Busqué en la playa un
trozo de madera para terminar con tan insufrible criatura, cuando regresé a su
lado el sonido menguaba poco a poco.
El tono cambió del sonido agudo a un sonido acuático y
gutural:
-mmm…maaam…aaa…yuuuu-.
El sonido ya muy bajo y aborrecible se hizo casi
imperceptible. Debí acercarme para continuar escuchando…
Mis nervios hechos trizas me impulsaron a aplastar de un
golpe la cabeza de la criatura y me alejé corriendo del lugar. Mi corazón latía
con fuerza y casi perdí el sentido.
-Mamá, mamá, ayuda-.
Indudablemente, con mucha claridad y en perfecto español.
La criatura había HABLADO.
Me encontraba sumamente perturbado y alterado. Corrí
rápidamente hacía mis compañeros y les expliqué lo sucedido…
Varios me acompañaron solo para descubrir que aquella
criatura horrible y desconocida ya no estaba.
Sobre las rocas solo pudimos encontrar pequeñas gotas de un líquido negro y pestilente.
Varios días después, en la madrugada del día 27 de Julio se
publica en el diario local sobre un incidente trágico.
Tres pescadores se han perdido en el mar, las familias de
los desaparecidos solicitan ayuda a las autoridades.
La policía y grupos de pescadores realizan una búsqueda
exhaustiva de los pescadores.
Con el correr de los días, y tras varias nuevas expediciones,
la operación se vuelve infructuosa. Por lo tanto, deciden suspender definitivamente
la búsqueda.
Pasado casi un mes de la desaparición de los hombres en el
mar, la mañana del 25 de Agosto, encuentran
en el embarcadero el bote abandonado.
No hay señales de vida de los hombres perdidos, pero algo
extraño despierta nuevamente el interés en la gente del pueblo…
Restos en estado de putrefacción de diferentes peces y un espeso líquido negro, que emana un
horrible olor, cubren completamente la embarcación abandonada.
El médico, único hombre de ciencia del pueblo, toma muestras
de lo encontrado para su análisis, y algunos días después declara que el líquido negro no pertenece a ninguna
especie marina viva o extinta.
El caso no se considera relevante para las autoridades de
nuestro pueblo, y al no encontrar señales de los hombres, deciden que lo mejor
es archivarlo para siempre.
La gente del pueblo
decide borrar de sus mentes lo sucedido.
Yo por mi parte, no puedo evitar sentir un escalofrío
recorrer mi cuerpo, cada vez que mis ojos se posan en el mar. Porque allá, en
sus negras profundidades…
Una madre amorosa y
terrible, tal vez aún, busque vengarse.
Oscar Domínguez

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