miércoles, 22 de noviembre de 2017

En Busca del Tesoro


Caminando por las calles, y sin rumbo fijo. Meditando sobre bizarros sueños de la noche anterior. Me encuentro de frente a una pequeña niña de escasos diez años de edad. Su piel es morena clara, tiene el cabello negro, y sus ojos cafés me miran fijamente sin pestañear.
Alcanzo a decir en voz baja:
 –hola pequeña-
La niña, sin dejar de mirarme, me contesta tiernamente:
 –hola-
Transcurridos unos segundos, la niña me da la espalda mientras suelta una risilla en voz baja ¡Ji, Ji, Ji!.
Un momento después, me entrega un trozo de papel arrugado, se da la vuelta y corre hasta perderse de vista en la siguiente esquina.
Entre mis manos tengo un esbozo de ejes de coordenadas, donde el punto origen, parece ser un dibujo de columpios. En el único cuadrante del esbozo hay dos puntos, en el primero dice “PAPI” y en el segundo dice “TESORO”. Naturalmente, la niña me plantea un juego y el inicio del mismo son los columpios del parque.


Llego al parque y busco a mi alrededor a la pequeña. Pensando que tal vez quiera participar en el juego conmigo, pero no consigo encontrarla.
Me siento en una banca un poco apartada del lugar y continuo meditando sobre los sueños que me atormentaron la noche pasada.
Después de varios minutos escucho las risas, gritos y juegos de los niños divirtiéndose a mis espaldas. Sus vocecillas dan cierto confort a mi perturbado cerebro.
Han pasado algunos minutos y noto que miro fijamente el dibujo. Mientras que un viento helado empieza a soplar desde todas direcciones indicando que la lluvia caerá pronto, como sucede normalmente en el pueblo.
Me pongo de pie, volteo sobre mis hombros, y un escalofrío recorre mi piel… descubro que me encuentro completamente SOLO.
Después de hacer algunos cálculos mentales, basados en el dibujo que cargo conmigo. Descubro que los puntos se encuentran ubicados en el cementerio del pueblo. A un costado del parque.
Dejando a un lado mis temores. Decido terminar con el juego, que finalmente, solo habría de relajarme del estado sombrío en el que me encuentro.

Después de algunos fallos en los cálculos debido a que fui tomando como medida mis pasos mucho mayores que los de una pequeña, realizo el trayecto desde los columpios acortando los pasos y descubro que el primer punto marcado en el mapa.
Es una lápida que indica la sepultura de un hombre llamado Daniel González. La cita alegórica reza “Amoroso Padre y Esposo”.
Apartando de mi cabeza, la idea de un juego macabro ideado por la niña, pienso que simplemente quiso remembrar a su padre y por tal motivo usó su tumba como marca en el juego, decido ya con más interés encontrar el punto denominado “TESORO”.
Mis pasos me llevan hasta un punto en el que no podía encontrar nada en el suelo, un espacio limpio de plantas en el que supuse debía cavar, al no contar con ningún instrumento para la labor resuelvo hacerlo con mis propias manos.
Después de no pocos esfuerzos, descubro algo en los bordes del terreno vacio, que me obliga a suspender mi trabajo. Entre algunas flores marchitas localizo una pequeña lápida.
Sin darme cuenta, mis ojos se cubren de lágrimas al recordar aquella corta risilla ¡Ji, Ji, Ji!…
Llevaba  el nombre de Alma González “Amada Hija”.

Oscar Domínguez

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