Caminando por las calles, y sin rumbo fijo. Meditando sobre bizarros sueños de la noche anterior. Me encuentro de frente a una pequeña niña de escasos diez años de edad. Su piel es morena clara, tiene el cabello negro, y sus ojos cafés me miran fijamente sin pestañear.
Alcanzo a decir en voz baja:
–hola pequeña-
La niña, sin dejar de mirarme, me contesta tiernamente:
–hola-
Transcurridos unos segundos, la niña me da la espalda
mientras suelta una risilla en voz baja ¡Ji, Ji, Ji!.
Un momento después, me entrega un trozo de papel arrugado,
se da la vuelta y corre hasta perderse de vista en la siguiente esquina.
Entre mis manos tengo un esbozo de ejes de coordenadas,
donde el punto origen, parece ser un dibujo de columpios. En el único cuadrante
del esbozo hay dos puntos, en el primero dice “PAPI” y en el segundo dice
“TESORO”. Naturalmente, la niña me plantea un juego y el inicio del mismo son
los columpios del parque.
Llego al parque y busco a mi alrededor a la pequeña. Pensando
que tal vez quiera participar en el juego conmigo, pero no consigo encontrarla.
Me siento en una banca un poco apartada del lugar y continuo
meditando sobre los sueños que me atormentaron la noche pasada.
Después de varios minutos escucho las risas, gritos y juegos
de los niños divirtiéndose a mis espaldas. Sus vocecillas dan cierto confort a
mi perturbado cerebro.
Han pasado algunos minutos y noto que miro fijamente el
dibujo. Mientras que un viento helado empieza a soplar desde todas direcciones
indicando que la lluvia caerá pronto, como sucede normalmente en el pueblo.
Me pongo de pie, volteo sobre mis hombros, y un escalofrío
recorre mi piel… descubro que me encuentro completamente SOLO.
Después de hacer algunos cálculos mentales, basados en el
dibujo que cargo conmigo. Descubro que los puntos se encuentran ubicados en el
cementerio del pueblo. A un costado del parque.
Dejando a un lado mis temores. Decido terminar con el juego,
que finalmente, solo habría de relajarme del estado sombrío en el que me
encuentro.
Después de algunos fallos en los cálculos debido a que fui
tomando como medida mis pasos mucho mayores que los de una pequeña, realizo el
trayecto desde los columpios acortando los pasos y descubro que el primer punto
marcado en el mapa.
Es una lápida que indica la sepultura de un hombre llamado
Daniel González. La cita alegórica reza “Amoroso Padre y Esposo”.
Apartando de mi cabeza, la idea de un juego macabro ideado
por la niña, pienso que simplemente quiso remembrar a su padre y por tal motivo
usó su tumba como marca en el juego, decido ya con más interés encontrar el
punto denominado “TESORO”.
Mis pasos me llevan hasta un punto en el que no podía
encontrar nada en el suelo, un espacio limpio de plantas en el que supuse debía
cavar, al no contar con ningún instrumento para la labor resuelvo hacerlo con
mis propias manos.
Después de no pocos esfuerzos, descubro algo en los bordes
del terreno vacio, que me obliga a suspender mi trabajo. Entre algunas flores
marchitas localizo una pequeña lápida.
Sin darme cuenta, mis ojos se cubren de lágrimas al recordar
aquella corta risilla ¡Ji, Ji, Ji!…
Llevaba el nombre de
Alma González “Amada Hija”.
Oscar Domínguez

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